Guerra de cervezas

Por estos días las plantas de Cervecería Chile -controlada por AB InBev- y la Compañía Cervecerías Unidas (CCU) -de propiedad de la familia Luksic y Heineken- se encuentran en plena producción.

Algunos de los trabajadores de CCU incluso -cuentan- que han debido realizar horas extras por el alza de la demanda en tiempos de pandemia que ha volcado a consumidores a comprar cervezas masivas en desmedro de artesanales.

El avance del coronavirus reavivó la guerra de la cerveza entre los grandes actores a nivel regional y que a nivel nacional. Según Euromonitor International, la industria registró ventas en 2019 por US$3.790 millones con 997 millones de hectolitros anuales.

CCU en su último reporte financiero del primer trimestre de 2020 admitió que: “en nuestro negocio, nos enfrentamos a un escenario incierto; para ello, estamos tomando medidas para hacer frente a una demanda más débil de nuestros productos y a un contexto cambiante en los canales de distribución, portafolio y ocasiones de consumo”.

“De cara al año 2020, nuestro enfoque más inmediato es manejar el impacto del Covid-19, priorizando, primero, la salud y la seguridad de nuestras personas y segundo, la continuidad de nuestras operaciones”, complementó.

A pesar de la mayor incertidumbre, CCU no ha frenado sus planes de expansión y a su plan de apertura de una nueva planta cervecera en Renca se suma ahora el ingreso a la propiedad de una nueva compañía.

El pasado 18 de febrero, su coligada Kunstmann adquirió el 50,0909% de las acciones de la Cervecería Mahina en una operación avaluada -según el reporte financiero- en $575 millones.

Se trata de la única compañía cervecera de Rapa Nui y la operación va en línea con la estrategia de apostar por alianzas con micro cervecerías. Ejemplo de ello es que en agosto de 2019, Kunstmann ingresó a la propiedad de Szot y un año antes había hecho lo mismo en Guayacán.

Mike Rapu Pate, fundador de Mahina, aborda el impacto de crisis. “Hoy la fábrica está cerrada y hoy solo estamos atendiendo lo que es la venta de aguas y la cervezas están estancadas. Nuestra cervecería está decaída y ya no tiene la venta que teníamos cuando llegaban turistas. Esperamos salir pronto. Al menos vendemos agua para mantenernos”, acotó el empresario isleño.

Mientras, el mayor competidor de CCU en Chile no se queda atrás. Por estos días, a toda marcha trabaja en la ampliación de su planta de Quilicura, pasando de una inversión de US$100 millones a US$130 millones y espera estar en plena producción durante este año.

“Durante la contingencia no se ha visto en la industria de cervezas en Chile un aumento en el consumo de cervezas masivas. La tendencia en el largo plazo debiera seguir siendo hacia la premiumización: los consumidores están dispuestos a pagar un poco más por ciertos productos y variedades de una calidad superior. Como ABI, insistiremos en ofrecer la mejor calidad al mejor precio posible”, explicó Alonso.

A modo de competir con la marca Becker en su formato de lata de 473 cc de Cervecerías Chile, CCU lanzó en 2019, la marca Bavaria, bajo el mismo formato de consumo masivo o mainstream. Ambas, según un sondeo realizado por este medio en botillerías del centro de Santiago son las más compradas por los clientes. Un sixpack puede costar $4.000. Hoy CCU mantiene el 65% de la participación del mercado cervecero y le sigue Cervecería Chile con 27%, según esta última.

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El desplome de las artesanales

José Tomás Infante, socio de Cerveza Kross cuenta que la situación por la que atraviesa la industria de microcervecerías es dramático. Al golpe sufrido por el estallido social que llevó al cierre de restaurantes se suma ahora el declive en el consumo por cervezas artesanales con un mayor valor.

Cuenta que en su gran mayoría las cervecerías craft han visto caer sus ventas entre 40% y 50% debido a las restricciones impuestas desde el pasado 20 la autoridad sanitaria ordenara el cierre de locales de concurrencia masiva.

“La venta en línea no compensa la caída, pero ha crecido 10 veces. Si antes vendíamos $5 millones en e-commerce ahora vendemos $50 millones, pero sigue representando una parte mínima de nuestras ventas. Es muy poco. Nunca había sido un canal muy relevante, y ahora se hizo más protagónico”. Obviamente todo colapsa cuando vendes tanto, desde los courier a la página web, sostuvo Infante que admite que sus ventas cayeron 40%.

Mientras, en Cervecería Guayacán, su socio fundador Andrés Toro sostiene que sus ventas cayeron a la mitad desde mediados de marzo. “Hoy ese 50% de ventas que aún mantenemos se produce debido a que tenemos una buena venta razonable en supermercados. Y estamos desarrollando fuertemente el e-commerce con Guayacan.cl que tuvo una explosión desde el 20 de marzo en adelante.

“Nuestra producción de cerveza en shop está en cero, porque los locales están cerrados. No hay pub ni restaurantes. Nosotros no estamos haciendo venta on line, todavía, pero sí en nuestro local. Pero sí hemos aprovechado esto para sacar nuevas variedades en latas que han tenido buena aceptación de parte de los consumidores con retiro acá en Talagante. Está claro que hay una tendencia de compra de cervezas masivas que son las más económicas en detrimento de las cervezas artesanales que están en supermercados”, explicó Kevin Szot, fundador de Cervecería Szot.

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